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El aceite de oliva fue básico para la fabricación de ungüentos perfumados y protagonista en la iluminación de los ambientes.

A los médicos de la antigua Babilonia les decían “asu” que quería decir “experto en aceites”.

El olivo y la aceituna han acompañado al hombre desde el principio de los tiempos. Lo prueban infinidad de utensilios hallados por los arqueólogos además de innumerables citas en el Corán y la Biblia, donde aparece por primera vez en el relato del Diluvio: la paloma que Noé envía al parar de llover, vuelve al Arca con una ramita de olivo en el pico.

Se utilizaban tanto en la vida cotidiana –en las comidas, para el cuidado de la piel y en el alumbrado de los ambientes alimentando la llama de lámparas y candiles– como en rituales sagrados y en prácticas medicinales. Los médicos de la antigua Babilonia eran llamados “asu” que quería decir “experto en aceites” y muchas civilizaciones consideraron al olivo un árbol sagrado, utilizando su aceite para ungir reyes y sacerdotes.

La mitología griega atribuye el origen del olivo a una competencia entre Atenea, la diosa de la sabiduría, y Poseidón, el dios de los mares, para ver quien de los dos se convertiría en el protector de una nueva ciudad, que además sería bautizada en honor al dios que les diera a sus ciudadanos el mejor regalo. Poseidón clavo su tridente en una piedra y de la piedra salió un caballo blanco. Atenea hundió su lanza en la roca e hizo aparecer el primer olivo. Gano la diosa, la ciudad se llamo Atenas y los atenienses, que consideraron su regalo el más valioso, conservan hasta el día de hoy varios olivos en la Acrópolis, el lugar donde creció el primero.

El aceite de oliva fue clave en la Grecia antigua, existiendo testimonios que datan del XIV A.C. También lo vemos en Palestina, donde los Filisteos lo elaboraban con técnicas ultra avanzadas. Y hoy todavía sobreviven ocho olivos multicentenarios en el huerto de Gethsemaní, donde Jesús le rezó a su Padre.

Los romanos llevaron el comercio del olivo y sus frutos hasta la península Ibérica, el norte de África y la Francia meridional. Catón escribió un extraordinario manual de olivicultura y el aceite de oliva es un ingrediente importante en varias de las incomibles recetas del famoso libro de Apicio que nos transmite la gastronomía de la Roma Clásica.

De la Edad Media a la actualidad.
Durante la Edad Media, el aceite de oliva escaseó de tal manera, que llegó a ser considerado dinero en efectivo. Sólo lo consumían las clases altas y las órdenes religiosas, que poseían la mayor parte de los olivares y le daban usos litúrgicos. Recién a fines de la Edad Media, el panorama del Mediterráneo volvió a cubrirse de olivares y el comercio aceitero alcanzó de nuevo la importancia que había tenido. Hoy el aceite de oliva se comercializa envasado en botellas (de cristal o plástico), así como en bidones protegidos de la luz. Los mayores productores del mundo se encuentran en las cercanías del Mar Mediterráneo, siendo España el mayor productor mundial.