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Este país, que conserva intactas sus reservas naturales, es un secreto que vale la pena descubrir.

En la misma latitud que la cuenca del Mediterráneo, ofrece un fácil acceso a los grandes mercados importadores.

La historia del olivar en Uruguay nace con los emigrantes europeos que trajeron olivos de sus regiones, los plantaron y los cuidaron hasta aclimatarlos a esta tierra nueva donde las distintas variedades europeas –Frantoio, Arbequina, Leccino, Manzanilla, Taggiasca, Pendolino y Moraiolo– crecen hoy como si fuesen autóctonas.

La estabilidad política-económica, una excelente ubicación – se encuentra en la misma latitud que la cuenca del Mediterráneo - sumados a costos de la tierra y de producción relativamente bajos comparados con los valores internacionales, fueron las bases de la creciente importancia que empezó a tomar el cultivo del olivo a partir de 2003.

Hoy, con más de 6.000 hectáreas plantadas y un mercado interno que no sobrepasa el millón y medio de litros de aceite por año, la plantación de olivos en Uruguay resulta una apuesta ultra prometedora para inversores con la mira puesta en la exportación. Actualmente Uruguay está posicionándose muy bien a nivel internacional aprovechando también su fácil acceso a los grandes mercados importadores como Brasil, Estados Unidos y Canadá.

El agua es un factor clave en el desarrollo de la planta y Uruguay, con un promedio de 1.200 milímetros anuales, triplica la disponibilidad de agua de la mayor parte de la cuenca mediterránea que apenas recibe 400 milímetros por año.

La estrecha relación que existe entre la olivicultura y el concepto de naturaleza en estado puro potencia, sin lugar a dudas, las cualidades de este país fértil y tranquilo que ha sabido preservar sus reservas naturales transformándose en un secreto que vale la pena descubrir. Son pocos los que conocen sus grandes ventajas, comparándolo sobre todo con sus vecinos de producciones aparentemente mas importantes. Puede ser, y de hecho lo hacen, que lo aventajen en cantidad, pero las tierras y el clima uruguayo ofrecen condiciones únicas para producir aceites de oliva de primer nivel según sus características analíticas y organolépticas.

PARAMETROS EDAFICOS DEL SUELO URUGUAYO

El pH del suelo uruguayo es ligeramente ácido de 5,5 a 6,5 y tiene una textura franco arenosa.

La profundidad óptima es de 1,20m con presencia de contacto lítico no inferior a 50 cm. Es muy común en el Uruguay la presencia de un Bt o B textural, que es un horizonte arcilloso* de acumulación de una napa freática impermeable. Para que las plantaciones de olivos sean viables es prácticamente obligatorio el subsolado a fin de romper dicha napa y posibilitar el drenaje en profundidad del agua sobrante.

El drenaje natural está siempre relacionado a la estructura natural del suelo, según el tipo y porcentaje de arcillas y su arreglo en el suelo. La presencia de pendiente tolerable es de 5-8%, en caso de niveles mayores se debe surcar la tierra cortando la pendiente para disminuir la erosión.

En cuanto a la fertilidad natural, se requiere la presencia de un horizonte A, con los niveles de nutrientes necesarios para el Olivo, que si bien no es muy exigente, requiere un rango óptimo de nutrientes, sobre todo en el período productivo.

Se llama horizonte, a un nivel en el perfil edáfico, más o menos paralelo a la superficie, con unas características edáficas (propiedades físicas, químicas y de composición), que le hacen diferente a los niveles adyacentes.

El horizonte A es en el que se encuentran los elementos orgánicos, finos o gruesos, y solubles, que han de ser lixiviados (proceso de arrastre de coloides desde los horizontes superiores del suelo hacia los inferiores).